Despedida, porque tú lo vales

Cómo sobrevivir a un despido en tiempos que pintan muy negro.

Despido I. El día de los casi 5 millones de parados… mayo 1, 2010


Formo parte de uno de los grupos más numerosos de este país: gallegos hay algo más de 2.700.000; gallegos seguidores de“larpeiros” -programa friqui donde cocinan de miedo- ni idea, aunque las audiencias lo confirman como uno de los espacios líderes de la TVGA; gallegos fuera de Galicia y que no se hayan sentido concernidos por Rosa Díez, muy pocos-; y parados, tras el desliz de la traicionera informática o del traicionero informático, más de 4.600.000 personas. De ellos, 2 millones son mujeres.

Manuel Rivas, merecedor ya del Premio Cervantes, galardón que parece negarse a escritores “jóvenes”, de éxito de ventas y de sobrado talento literario como el propio Rivas o Pérez Reverte, es sin lugar a dudas uno de los novelistas que mejor conoce la esencia del gallego; no del gallego del desliz de Rosa Díez, sino del otro gallego: “En Suiza existe una clínica ultramoderna que te opera de gallego por 10.000 euros”, publicó el humorista Chichi Campos.

Saudade y morriña son términos de los que nos hemos apropiado indebidamente.  No se trata de un estado de ánimo sin más, no consiste en sentirse triste porque sí, tras ellos se  esconde toda una historia de desarraigo. No es un término vanal, simplón. La melancolía del gallego no es mala, no es sinónimo de tristeza. ¿Es mala acaso la melancolía que impregna cada una de las líneas de El Camino de Delibes?

Me disperso y es que me pongo a hablar de Galicia y no paro… Me encanta la Galicia de Rivas en “Un espía en el reino de Galicia”. Pero volviendo al meollo de la cuestión: nos acercamos a los 5 millones de parados. ¿Y qué significa estar parada o parado?

En mi caso, un sinfín de palabras y emociones: jodida, desorientada, ninguneada, traicionada… mientras todos los días hablan de ti. De un número, de ese número que El Mundo ha sabido traducir en lascaras del paro, de ese número que aumenta por instantes, de ese número titular de noticias que te recuerda a diario tu nueva condición, que te perfora el cerebro como si de una “gota china” se tratase.

El que mejor supo procesar mi nueva situación fue, sin duda, mi hijo, un niño de 8 años que me formuló las preguntas claves:

Primera pregunta. ¿Mamá, ahora ya no vamos a tener dinero?
Veía peligrar su cuento del roedor Gerónimo Stilton que nos tiene a todos los padres globalizados sableados -qué grandes genios y máquinas de hacer dinero los inventores de un ratón con nombre de queso inglés; de pokemons que evolucionan de pikachu a raichu; de criaturas Bakugan que habitan en un mundo paralelo al nuestro y que le hace sombra a las cartas de yu gi ho con poderes sobrenaturales, que sólo los japoneses y los niños españoles “manganizados” entienden-.

Segunda pregunta, la del millón: ¿mamá, qué has hecho mal para que te despidan?
Respuesta: Jander,…..esquivo la respuesta. Ni yo misma lo sé -miento, lo correcto sería decir que no sé qué contarle-.  Aunque siendo como es, no sería de extrañar que él mismo se lo pregunte algún día…

Tercera y cuarta pregunta: ¿mamá, por qué a tus amigas no les han despedido? ¿Y seguirán siendo tus amigas o ya no vas a hablar más con Susi, Cuqui, Olga…?

¡Cien gallifantes…!

Carlos do Carmo interpretando el fado Os putos -niños en portugués-.  A Joana, mi profesora virtual del Camões, le encanta y a mí también. La letra y la música transmite como nadie el valor y la genialidad de la infancia.

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“La mujer de…” abril 26, 2010


En un mes he descubierto todo lo que puede dar de sí la expresión “la mujer de …”:

“La mujer de … despedida”, vitoreaban algunos nada más conocerse mi despido.

Otro, algo más amable, dice: “La mujer de … excelente profesional y estupenda persona, despedida por la ambición de su marido”.

“La mujer de … Adiós a la Topilla”.  Por lo visto, “la mujer de…” padece de desdoblamiento de personalidad y ha terminado siendo La Topilla , es decir, también es la mujer de… El Topo, un personaje creado por “el de la mujer de…”.

“A la mujer de … se le ha visto con currículum en mano por Alcajob -feria del Empleo de la Universidad de Alcalá”, anunciaban algunos.

“La mujer de… la que se pasea con su CV, es también la mujer del butanero…” . “La mujer de …” encima tiene la mala suerte de serlo de alguien que se apellida Naranjo, de ahí orange, de ahí naranja, de ahí el color de las bombonas de butano”. En fin, los comentarios que le siguen los voy a omitir por soeces, pero en nuestro país son sobradamente populares los chistes sobre el butanero.

Tambien hay quien se alegra de que “la mujer de… pase ahora más tiempo en casa”.

“La mujer de…” también es la compañera, mujer, amante o madre de los hijos del de la mujer de… Este último no lo tiene del todo claro.

“La mujer de …” no tiene nombre, aunque todos parecen conocerla muy bien. Resulta además que “la mujer de…” parece que sí llevaba 12 años trabajando en la Universidad de Alcalá, o con anterioridad en su Fundación. Pero para los que han bautizado a “la mujer de…” -muchos de los cuales  por aquél entonces no habían llegado a la Universidad-, esto ha sido posible porque siempre fue “mujer de …”. Y si “la mujer de… “vuelve a encontrar trabajo, no será por su experiencia, por conocer bien su trabajo, sino por “ser la mujer de…”.

Lo más sorprendente es que “la mujer de…”, ni tan siquiera es oficialmente la mujer de nadie. Salvedad ésta que creía innecesaria, pero que no lo es en el caso de aquellos que te otorgan valor por esa condición de “la mujer de…”.
Evidentemente, aún padecemos un retraso educativo en cuestiones de igualdad, heredado y mantenido. Una cuestión que me desconcierta aún más cuando se hace evidente en un marco universitario, de donde saldrán -se presupone- algunos de los jóvenes que nos gobernarán. Donde, también se presupone, se encuentran algunos de los sabios de nuestro país.

La cuestión es si a las mujeres no nos queda más alternativa que el silencio, la mirada para otro lado, esquivar el conflicto y rendirnos ante la evidencia de un trato como poco injusto. De lo contrario, también encontrarán argumentos y los mismos que te tratan como “la mujer de” serán los que te tachen despectivamente de feminista o de oportunista.

“La mujer de…” efectivamente no tendrá forma legal de demostrar que ha sido despedida -se trata de un cese-; ni represaliada por ser “la mujer de”, aunque no son pocos los que encuentran argumentos para la marcha de “la mujer de… por ser la mujer de… por ser la Topilla” y que confirman con sus testimonios dicha represalia; y agraviada -esto sí, es un dato objetivo, pero que de poco sirve, pues duele por lo que tiene de personal-.

Poca defensa tiene “la mujer de…”, que transcurrido un mes en boca de todos, al menos echará mano de las pocas opciones que le quedan o le dejan: este blog, una queja formal ante las asociaciones de periodistas y una carta a la Ministra de Igualdad, que tal vez tenga las claves para explicarle por qué aún hoy muchas mujeres sólo son “la mujer de…”, independientemente de cómo hayan hecho su trabajo.